Provisiones, pasivos contingentes y activos contingentes

Por lo general, nos asaltan dudas a la hora de decidir si una contingencia debe materializarse o no en la contabilidad y, por lo tanto, en los estados financieros de la empresa en forma de provisión.

De acuerdo con la Norma de Registro y Valoración (NRV) número 15 del Plan General de Contabilidad:

La empresa reconocerá como provisiones los pasivos que, cumpliendo la definición y los criterios de registro o reconocimiento contable contenidos en el Marco Conceptual de la Contabilidad, resulten indeterminados respecto a su importe o a la fecha en que se cancelarán. Las provisiones pueden venir determinadas por una disposición legal, contractual o por una obligación implícita o tácita.

Aunque según mi opinión, se pronuncia de forma más clara la Norma Internacional de Contabilidad nº 37 (NIC 37) de Provisiones, Pasivos Contingentes y Activos Contingentes que nos indica los tres requisitos que deben cumplirse para contabilizar una provisión:

  1. Que la sociedad tenga una obligación (legal o contractual) como consecuencia de un suceso pasado.
  2. Que sea probable que la empresa tenga que desprenderse de recursos para cancelar dicha obligación (es decir, la probabilidad de que el hecho en cuestión ocurra sea superior a que no).
  3. Que sea posible realizar una estimación fiable del importe de la obligación.

Si cumplimos las tres condiciones anteriores, nos aseguramos que las provisiones están contabilizadas correctamente. Como ejemplo podemos citar las reclamaciones en periodo de garantía a un fabricante por los productos que resulten defectuosos, cuando el fabricante pueda estimarlas de forma fiable.

Pero si no se cumplen las tres reglas anteriores, (generalmente porque no se dan los puntos 2 y 3 es decir, que la probabilidad de que el hecho ocurra sea más baja o que no sea posible determinar el importe de la obligación de una forma fiable) no se contabilizará una provisión aunque sí tendremos un pasivo contingente del que será necesario hacer mención en la Memoria de las Cuentas Anuales. Un ejemplo de pasivo contingente sería una demanda interpuesta, por un cliente a una sociedad, cuyo importe no podríamos determinar.

En el caso de los activos contingentes es totalmente diferente, no tenemos en cuenta la probabilidad del mismo y no se contabiliza en ningún caso, aunque sí que habrá que informar del mismo en la Memoria de las Cuentas Anuales. Un ejemplo para este caso sería la demanda interpuesta, por una compañía a un proveedor, por incumplimiento de contrato y que espera ganar el juicio.

En mi opinión la NIC 37 es bastante más clara y concisa que la NRV 15 del PGC a la hora de explicar el reconocimiento y valoración de las provisiones y contingencias, y nos ayuda a entenderla. Me asalta asimismo una gran preocupación, que el estudio aislado de nuestro plan y el lenguaje y traducciones al español de las NIC y NIIF (Normas Internacionales de Información Financiera) que lo sustentan dificulten la comprensión de determinados aspectos tan transcendentes en la vida cotidiana de las empresas.

Lidia Planas Martín
Emede y Asociados Asesores Tributarios, SLP

Corrección de errores contables: ¿Es necesaria la reformulación de las cuentas anuales?

En este post vamos a analizar si la subsanación de un error contable implica o no la reformulación de las cuentas anuales.

La norma de registro y valoración (NRV) 22ª sobre Cambios en criterios contables, errores y estimaciones contables, incluida en la segunda parte del Plan General de Contabilidad (PGC), aprobado por el Real Decreto 1514/2007, de 16 de noviembre, indica que los errores contables incurridos en ejercicios anteriores, se corregirán en el ejercicio en el que hayan sido detectados. Debiéndose contabilizar el ajuste en una partida de reservas por el efecto acumulado de las variaciones de los activos y pasivos que ponga de manifiesto la subsanación del error. Además, la empresa debe modificar las cifras de la información comparativa e incluir la información correspondiente en la memoria de las cuentas anuales.

Además la norma de elaboración de las cuentas anuales nº 8 de Estados de cambio en el patrimonio neto establece que

“cuando se advierta un error en el ejercicio a que se refieren las cuentas anuales que correspondan a un ejercicio anterior al comparativo, se informará en la memoria, e incluirá el correspondiente ajuste en el epígrafe A.II de estados del cambio en el patrimonio neto, de forma que el patrimonio inicial de dicho ejercicio comparativo será objeto de modificación en aras de recoger la rectificación del error. En el supuesto de que el error corresponda al ejercicio comparativo, dicho ajuste se incluirá en el epígrafe C.II del Estado total de cambios en el patrimonio neto”.

En el artículo 38.c del Código de Comercio, y en el Marco Conceptual del PGC se dispone que

“si los riesgos se conocieran entre la fecha de formulación y antes de la fecha de aprobación de las cuentas anuales, y afectaran de forma muy significativa a la imagen fiel, las cuentas anuales deberán ser reformuladas”.

En este mismo sentido, el PGC se pronuncia sobre este hecho, al señalar que

“la regla legal relativa a los hechos posteriores al cierre del ejercicio no tiene como objetivo imponer  a los administradores una exigencia de reformulación de las cuentas anuales ante cualquier circunstancia significativa que se produzca antes de la aprobación por el órgano competente. Por el contrario, solo ante situaciones de carácter excepcional  y máxima relevancia en relación con la situación patrimonial de la empresa, de riesgos que aunque conocidos con posterioridad existieran en la fecha de cierre de las cuentas anuales, deberían llevar a la reformulación de estas. Dicha reformulación debería producirse con carácter general hasta el momento en que se ponga en marcha el proceso que lleva a la aprobación de las mismas”.

En definitiva y como resumen de todo lo indicado en las normas reseñadas anteriormente, con carácter general, los errores contables deben subsanarse en el ejercicio en el que se detectan, debiendo reflejarse la citada rectificación en las cuentas anuales del ejercicio.

Según lo comentado anteriormente, podemos concluir que:

  • Si el error contable se detecta en el proceso de formulación de las cuentas anuales, y este  tiene un efecto SIGNIFICATIVO sobre las mismas, debe ser corregido mediante un ajuste contable en las cuentas anuales que se formulan para que éstas sean correctas.
  • Si el error contable se detecta después de haber transcurrido el plazo de formulación, y antes de ser aprobadas, y el error tiene un efecto SIGNIFICATIVO sobre las cuentas anuales, éstas deberán ser reformuladas.
  • Si el error que se detecta tiene un efecto NO SIGNIFICATIVO, se seguirá la regla general, esto es, deberá subsanarse en el ejercicio en el que se detecta, debiendo reflejarse la citada rectificación en las cuentas anuales de dicho ejercicio. El ingreso o gasto correspondiente a ejercicios anteriores, motivará en el ejercicio que se detecta el error, un ajuste por el efecto acumulado de las variaciones de los activos y los pasivos, el cual se imputará directamente a patrimonio neto, en concreto a la partida de reservas.

Isabel Díaz Rosado
Emede y Asociados Asesores Tributarios, SLP